Disciplina con cariño

Disciplina se suele asociar con autoritarismo, agresividad, represión… Sin embargo la verdadera disciplina surge de nuestro interior y va asociada con la paz, la tranquilidad, el equilibrio, la armonía.

Nuestra tarea como educadores, cuando queremos ayudar a lograr disciplina, no debe consistir en agredir y reprimir, sino en facilitar paz y armonía. ¡Qué bonito!, dirán muchos, pero ¿cómo se logra?

Lo primero que debemos hacer es preguntarnos si deseamos un ambiente de disciplina externa basado en el temor al castigo o, por el contrario, nuestro deseo es que aun sin nuestra presencia nuestros hijos sientan la necesidad de ser disciplinados. Esta pregunta es muy importante porque externamente la disciplina autoritaria funciona. El temor a la represalia prometida: Te quedas sin salir, sin TV., sin regalo…; y el castigo físico hacen que su comportamiento, aparentemente, sea disciplinado. Pero sucede que al no tratarse de un deseo interno del niño, sino de una imposición del adulto, actuará con disciplina únicamente cuando esté el adulto presente o por temor a lo que pueda suceder. ¿Queremos eso? Seguramente no. Entonces seguid leyendo.

Los seres humanos tenemos la capacidad de pensar, opinar y decidir desde nuestra niñez. Lo único que necesitamos es que nos permitan desarrollar esa cualidad.

Sí, diréis, yo quiero que mis hijos logren esa disciplina interna, que no actúen por temor, pero cómo pueden lograrlo, porque la realidad es que desobedecen constantemente.

 

Veamos en que desobedecen. Por la mañana no se levantan, cuando les llamamos tardan demasiado en ducharse y vestirse, dejan el baño y su cuarto en completo desorden, desayunar supone otra batalla, después se olvidan de lo que deben llevar al colegio… Por la tarde, no obedecen cuando se les dice que estudien, que no vean tanta televisión, que no pasen la tarde delante del ordenador y los juegos electrónicos, que se acuesten cuando llega su hora de dormir…

Ante una situación así, la reacción habitual de los adultos es enfadarse, gritarles, repetir mil veces lo que deben hacer, calificarles de desordenados y desobedientes, amenazarles o castigarles. Pero se debería reaccionar ayudándoles a reflexionar acerca de lo que son capaces de hacer. Las personas que enseñan a sus hijos a reflexionar saben hasta qué punto son capaces de asumir sus responsabilidades con auténtica disciplina. Se trata de preguntar al niño o a la niña, en un momento de tranquilidad: ¿Qué crees que necesitas hacer desde que te levantas hasta que te acuestas? ¿Qué tendrías que hacer sin necesidad de que alguien te lo imponga?

Cualquier niño al que se le hace las preguntas anteriores valorándole, sin menospreciarle, comprendiendo que es capaz de organizar su vida de acuerdo a sus necesidades, sabe llevar a la práctica las actividades diarias siendo disciplinado, obedeciendo a su ser interior que le dicta lo que debe hacer en cada momento.

 

No es disciplina externa lo que necesitan sino que creamos en ellos, en su capacidad para lograr una vida disciplinada. Por supuesto, tras reflexionar acerca de lo que pueden y deben hacer, se establecen los límites: lo que no deben hacer y las consecuencias: lo que sucede según cumplan o incumplan lo establecido. Por ejemplo, si se decide que van a dejar el cuarto recogido antes de salir de casa y no lo hacen, el límite es que nadie debe recogerlo mientras está fuera, y la consecuencia que se lo encontrará desordenado cuando regresa. Vivir las consecuencias de su manera de actuar les ayuda a comprender qué camino necesitan seguir y a tomar la decisión adecuada en función de sus propias necesidades, no de imposiciones externas.

 

Creer en su capacidad de reflexionar y de asumir sus decisiones, en definitiva, creer en el niño, es la mayor prueba de amor. Cuando no creemos en él y le consideramos incapaz de progresar a menos que nos impongamos, le estamos menospreciando, infravalorando.

 

La disciplina, ¿debe ir asociada al desprecio y a pensar que es incapaz de hacer algo positivo a menos que le gritemos, amenacemos y castiguemos o debería ir asociada a creer que puede aprender y al diálogo para establecer las normas y límites de su vida?

 

Indudablemente, la disciplina se debería lograr apelando al interior del ser humano, a su capacidad para actuar de acuerdo con su ser interior, sin imposiciones externas.

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