¿Cómo aprende el cerebro a leer y a escribir?

Cómo aprende el cerebro a leer y escribir

La lectoescritura cambia físicamente el cerebro y modifica significativamente el lenguaje.

 

Desde la perspectiva neuroeducativa, según Francisco Mora, no venimos al mundo preprogramados para leer y escribir como sucede en el caso del lenguaje oral. Pero durante el proceso de aprendizaje de la lectoescritura, que se apoya en el habla y en el desarrollo sensorial y motriz estimulado a través de redes neuronales, se modifica la arquitectura funcional del cerebro transformando significativamente el lenguaje, y viceversa.

 

Ideas clave sobre la morfología y funcionamiento del cerebro

 

La actividad de tres regiones del cerebro constituye el sustrato principal de la lectoescritura.

 

Hay tres sistemas neuronales (Banich y Compton, 2018), interrelacionados entre sí, que se corresponden con las tres etapas clave para el aprendizaje de la lectoescritura.

Cómo aprende el cerebro a leer y a escribir

1- Sistema ventral: área visual de formación de palabras    Etapa de las imágenes

Permite escanear las palabras. Traduce la información visual en sonidos y significados. La lectura recicla parte de esta región para identificar los grafemas.

Se corresponde con la etapa de las imágenes. El cerebro del niño fotografía palabras, las adapta visualmente y decodifica (combina fonemas silábicos).

 

En el proceso de aprendizaje de la lectoescritura, la emoción desempeña un papel fundamental.

 

Por otra parte, escaneadas las palabras, estas pasan al sistema límbico adquiriendo un significado emocional inconsciente antes de su procesamiento semántico en los sistemas dorsal y anterior.

En los procesos cognitivos, la emoción desempeña un papel fundamental. No constituyen dos mundos mentales independientes. Pero el cerebro emocional actúa más rápido que el cognitivo y se bloquea si no siente seguridad. Sin tranquilidad no se puede aprender. Por otra parte, cuando estamos motivados aprendemos más y mejor. Aprender a leer debe ser un proceso placentero, un descubrimiento feliz.

Ambos aspectos (cognitivo y emocional) implican aprovechar el juego, ese mecanismo poderoso, inconsciente, que utiliza todo ser vivo (mamífero) y al que el niño recurre para aprender.

Con Leolandia, teniendo en cuento los procesos neuronales mencionados, los niños practican, con juegos y actividades motivantes, la lectura global de palabras asociadas a objetos o dibujos, potenciando así la comprensión lectora.

Lectura global de palabras

2- Sistema dorsal: decodificación y semántica    Etapa fonológica

Permite la asociación grafema-fonema, e identifica la semántica o significado de las palabras.

Se corresponde con la etapa fonológica. Se produce una auténtica revolución cerebral cuando se despierta en el niño la habilidad que le permite relacionar los diferentes sonidos (fonemas) que componen las palabras con las letras que los representan (grafemas), y descubre que puede recombinar las sílabas para crear nuevas palabras.

3- Sistema anterior: construcción del lenguaje    Etapa de la comprensión lectora

Permite la elaboración del vocabulario (léxico) y la construcción del lenguaje (sintaxis). Envía la información auditiva de las palabras generadas en el sistema dorsal a las áreas motoras frontales, donde se elaboran los programas que se remitirán a las cuerdas vocales o a los músculos de los dedos para facilitar el habla o la escritura.

Se corresponde con la etapa de fluidez y comprensión lectora. El cerebro del niño es capaz de leer un texto con rapidez y precisión captando el significado completo del relato. Su sistema visual procesará las palabras simultáneamente y en paralelo, pero para lograrlo necesitará mucha práctica.

 

¡Al cerebro del niño le encantan los cuentos!

El aprendizaje de la lectoescritura requiere de varios años de trabajo continuo. Será un proceso largo, y a veces costoso, pero si permitimos que el niño se equivoque y vuelva a probar, su cerebro vivirá con entusiasmo el proceso ensayo-error que le permitirá aprender a leer y disfrutar de los cuentos.

Finalmente, tendremos en cuenta que cada cerebro se desarrolla de forma específica, por lo que las rutas neuronales que intervienen en el aprendizaje de la lectoescritura son únicas: cada niño tiene su propio ritmo de maduración.

 

 

Créditos: Imagen (niño astronauta con libro) de Freepik.